La competitividad del país en manos del Congreso

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La Competitividad del país en manos del Congreso

 

 

El reto, entonces, es tramitar en una semana una buena reforma, una reforma que asegure la estabilidad fiscal, al tiempo que construya competitividad.

 

 

Por: Bruce Mac Master

 

 

En los dos últimos años hubo consenso entre Gobierno, legisladores, académicos, periodistas y empresarios sobre el hecho de que Colombia es el tercer país con mayor tasa de tributación efectiva en América y el noveno en el mundo. Este hecho parece haber sido olvidado por muchos de los que hasta hace dos meses lo pregonaban a los cuatro vientos.

 

En el 2014 nos enfrentamos a una reforma tributaria que, en nuestra opinión, era totalmente lesiva para la actividad económica; expusimos nuestras razones, fueron ignoradas en lo aprobado. Como resultado de las preocupaciones expresadas en ese momento, el sector empresarial y emprendedores colombianos recibieron la promesa de adelantar una ‘reforma tributaria estructural para la recuperación de la competitividad’.

 

Desde el punto de vista de estabilidad macroeconómica, no debería haber ninguna duda sobre la necesidad de tramitar la reforma. El reto, entonces, es tramitar en una semana una buena reforma, una reforma que asegure la estabilidad fiscal, al tiempo que construya competitividad. No hacerlo en esta ocasión sería un error histórico.

 

En justicia, hay que reconocer que el proyecto, desde el punto de vista de procedimientos, ampliación de base gravable, aplicación de normas internacionales, y en términos de lucha contra la evasión, incorporaba mejoras. Sin embargo, del proyecto original a la ponencia aprobada se perdió una buena parte de su carácter estructural.

 

Hablemos de competitividad. Cometieron una gran equivocación las voces que trataron de generar la idea de que el proyecto de ley, hoy la ponencia aprobada por las comisiones económicas, reduce los impuestos a la actividad empresarial. Jugando con las palabras y transmitiendo una verdad a medias, crearon la sensación entre muchos de que la reforma bajaba la tributación para la actividad empresarial. Este mensaje probablemente indujo al inmenso error de aumentar aún más los impuestos a la actividad empresarial en la aprobación de comisiones del Congreso.

 

El resultado final es que para la actividad empresarial, nuevos emprendedores, nuevas inversiones nacionales e inversión externa, la tasa efectiva final para invertir en Colombia seguirá siendo una de las más altas del mundo.

Una de las mayores preocupaciones reside en que la tasa compuesta de renta más dividendos es mayor que la tasa compuesta actual de renta más Cree. Otra, en que las tasas de renta propuestas son significativamente mayores que las tasas de los países pares de Colombia. Es decir, no somos competitivos y no lo seremos, de no corregirlo.

 

De aprobarse la actual propuesta, en el 2017 el impuesto de renta sería del 40 por ciento y el impuesto de renta presuntiva se incrementaría un 33 por ciento, pasando del 3 al 4 por ciento. Países como Perú, México y Chile tienen impuestos de renta que se mueven entre el 25 y el 28 por ciento. Adicionalmente, se crearía un impuesto a los dividendos del 10 por ciento.

 

En el 2018 la situación sería similar. A partir del 2019, el impuesto de renta sería del 33 por ciento, la renta presuntiva sería del 4 por ciento y tendríamos el impuesto a dividendos. La ley actual habla de un impuesto único de renta del 34 por ciento.

 

No solo no hay mejora, sino deterioro importante. Es de verdad esta una oportunidad única para crear una estructura tributaria competitiva, crear empleo formal, aumentar el producto, enfrentar los mercados y competir, atraer inversión, generar bienestar. Ojalá se tomen las decisiones correctas y no tengamos que soñar tres años más con la ‘reforma tributaria estructural’.

 

Espero debate en @brucemacmaster

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