La brújula exportadora

La brújula exportadora

 

La estrategia de internacionalización de los productos colombianos debe tener como eje la inserción en las Cadenas Globales de Valor.

 

Ahora que la tasa de cambio supera los 3.000 pesos y que los Tratados de Libre Comercio suscritos por Colombia superan la docena, lo acertado sería pensar que la balanza comercial de nuestro país vive los ‘gozosos’. Sin embargo la realidad dice totalmente lo contrario: de acuerdo a las cifras entregadas por el DANE, el saldo negativo asciende en los primeros siete meses de este año a 6.717,5 millones de dólares.

 

La pregunta de fondo no debe ser si Colombia debe firmar o no más TLC o cuánto durará la revaluación del dólar para sacarle provecho. No, la cuestión que merece ser discutida es otra que propondré unas líneas más adelante.

 

Por el momento, cabe decir que en la ANDI no estamos en contra de los TLC; consideramos que ‘echar reversa’ en los que ya tenemos suscritos sería no solo poco estratégico sino un terrible mensaje para el resto de economías, pero también estamos convencidos de que hay que afinar la brújula para ser más acertados con los posibles acuerdos comerciales que firme el país.

 

Esta tarea de calibrar la mira comercial de Colombia tiene que tener en cuenta un factor muy importante y es que el mundo ha cambiado a grandes velocidades. El escenario internacional no es el mismo que el de hace 25 años cuando el país inició su proceso de apertura económica; ahora los países han dejado de pensar en términos de suscribir TLC, su mira está en cómo usar de la mejor manera posible toda la capacidad productiva mundial teniendo siempre en mente cómo llegar en forma más competitiva a los mercados finales.

 

Palabras más, palabras menos, esto significa que el eje de la estrategia de internacionalización debe ser inscribirse en las Cadenas Globales de Valor (CGV). Vale entonces la pena preguntarse qué son las CGV. De acuerdo con la OCDE consiste en lo siguiente: la producción internacional, el comercio y las inversiones se están organizando de una manera incremental dentro de lo que se denomina como CGV, donde diferentes etapas de los procesos de producción están localizados en diferentes países. La globalización motiva a las compañías a reestructurar su operación internacionalmente a través del ‘outsourcing’ y el ‘offshore’.

 

Un ejemplo claro de cómo esto se puede llevar a la práctica está al alcance de la mano y tiene que ver con el iPad. La popular tableta de Apple se ‘construye’ en más de 15 países: alguno se encarga de la pantalla, otro del forro, otro de los circuitos internos y así, hasta el ensamblaje final. Los participantes en este proceso ya están inscritos en una exitosa CGV. Hay que dejar de pensar que podemos ser bueno en todo, es mejor ser excelente en un solo eslabón de esta cadena.

 

Esta nueva realidad plantea retos sobre cómo se entiende la globalización y las políticas que se deben seguir para inscribir en las CGV. En ‘Estrategia para una nueva industrialización’, libro que lanzamos en la pasada Asamblea General de la ANDI, planteamos tres recomendaciones para lograr tal cometido.

 

1. El análisis objetivo de en qué cadenas productivas queremos estar y cuáles serán los eslabones que queremos ocupar. Para esto, es evidente que se tendrán en cuenta las ventajas que tiene Colombia. Seguramente tenemos una oportunidad única en el sector de alimentos y agroindustrial, agrícola y pecuario. La oportunidad de tierras, agua, ubicación geográfica y talento humano con que cuenta Colombia es realmente privilegiada en el mundo actual. Sin embargo, la cadena de alimentos es muy amplia, y por lo tanto, hay que decidir claramente en qué lugar de la misma queremos estar.

2. Una vez identificadas estas cadenas y eslabones, debemos diseñar todas las acciones estratégicas que nos permitan ser un jugador importante en las mismas. Desde la adecuación de la política pública y la regulación, pasando por inversiones y formación de talento humano, hasta las gestiones comerciales de país de los sectores públicos y privados unidos frente a los potenciales socios, aliados y compradores. Esta acción comercial deberá involucrar desde los presidentes e inversionistas de compañías, hasta el alto Gobierno, demostrando la decisión y compromiso con la estrategia adoptada.

 

3. Volver esta estrategia y su implementación un propósito nacional, donde sector privado, trabajadores, sector público, academia y población sientan el compromiso de sacarla adelante y sean beneficiarios de los potenciales buenos resultados de la misma.

 

En suma, la tarea del mejor aprovechamiento de la internacionalización de nuestra economía es una tarea que se debe construir como un propósito nacional. No podemos depender de una política desarticulada, por el contrario los diversos actores del comercio internacional debemos aunar esfuerzos para que los resultados sean los mejores y podamos borrar ese rojo que parece haberse instalado en nuestra balanza comercial. ¡Sí podemos!

 

 

Espero el debate en Twitter. @brucemacmaster

BRUCE MAC MASTER

 

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