Atrevámonos a ser como Malasia

Atrevámonos a ser como Malasia

 

Si hacemos caso a quienes creen que el mercado, por sí solo, produce resultados óptimos, como lo hemos hecho durante los últimos 25 años, en el mejor escenario seguiremos al ritmo de India. ¿Por qué mejor no nos atrevemos a ser como Malasia?

 

 

Al revisar los índices globales de competitividad se concluye que debemos acelerar en la implementación de una estrategia que nos permita contar con una nueva industrialización en el país. Si continuamos al ritmo que vamos, no será antes de 30 años que tendremos avances en competitividad. Nos movemos lentamente y los demás lo hacen más rápido, es por esto importante revisar cómo lo han hecho otros países para usarlos como referencia.

 

Para cumplir esa tarea no basta con mirar cómo crece el césped en el jardín del vecino. Es necesario que la discusión sobre la cimentación de una política industrial sea un debate nacional, en el que no solo participen el sector privado y el Gobierno sino que involucre a los demás estamentos de la sociedad.

 

De nuestra parte, en la pasada Asamblea Nacional de la ANDI, socializamos el libro ‘Estrategia para una nueva industrialización’ en el cual recogemos más de 300 propuestas que esperamos sean analizadas y debatidas, y se constituyan en una herramienta práctica para el desarrollo y progreso de nuestro país. Así, hemos invitado a varios expertos para que en esta edición de la Revista A entreguen su visión sobre ese documento.

 

Retomando la idea de ver ejemplos internacionales que nos sirvan de espejo para aumentar nuestra competitividad, debo mencionar que hace poco participé en un panel sobre cómo Malasia implementó su política de desarrollo productivo. Interesante referente de un país que se propuso ser una economía de ingresos altos, con una sociedad inclusiva y sostenible. El país asiático ya ha logrado disminuir la dependencia del Estado de los ingresos petroleros gracias al crecimiento de su producción en varios sectores de la manufactura, la agroindustria y los servicios.

 

Definitivamente existen buenas estrategias y planes de competitividad pero han fallado llevándolas a la operación debido a los detalles que exige su implementación. El modelo PEMANDU, institución creada por el Gobierno malayo para agenciar su política de desarrollo económico e inspirada en el modelo empresarial, tiene resultados relevantes después de 5 años de implementación que fueron presentados por su CEO, Idris Jala.

 

El primer paso es pensar diferente. Debemos evolucionar algunos modelos mentales que por muchas décadas han orientado el desarrollo de la economía de nuestro país ya que, en la práctica, no estamos obteniendo los resultados deseados. Nuestra generación tiene el deber de dejar sembrado en Colombia una forma de pensar diferente, que nos permita creer que es posible construir un país donde todos participamos de forma activa y nos beneficiamos del mismo. Lo clave para el modelo malayo fue definir un propósito común y aprender rápidamente a dedicar solo el 10% del tiempo a planear y el 90% a ejecutar.

 

El siguiente paso fue un gran acuerdo político donde Gobierno, academia, empresarios, políticos y sociedad civil acordaron hacer de su sector productivo el motor para la prosperidad económica y social. Esto implicó comprometerse a hacer los ajustes para que, en condiciones de mercado, las empresas crezcan gracias a la integración en las cadenas globales de valor –una de las propuestas centrales de nuestro libro–. Para el caso colombiano debemos incluir en ese acuerdo la determinación de criterios de entrada y salida que nos permitan identificar de manera juiciosa los sectores en los cuales nos vamos a especializar.

Fue en el siguiente escalón en el que determinaron proyectos concretos lo suficientemente ambiciosos que permiten soñar pero con los pies en la tierra. Proyectos que establecen de forma clara quién hace qué y sobre todo la financiación. En el caso Malayo 133 proyectos (Entry Point Proyects, como lo denominan ellos) son la ruta con la cual catalizan la acción. Importante reflexión nos deja saber que el 92% de dichos proyectos se financian con recursos privados y solo el 8% con recursos públicos.

 

En Colombia es muy importante que implementemos un modelo de planeación activa, teniendo claro que debemos ensayar rápido, equivocarnos barato y aprender mucho. Por supuesto que esto va a implicar un trabajo profundo con las entidades de control quienes históricamente asustan a todos con el “detrimento patrimonial”, debemos valorar que se asuman riesgos y medir el impacto, no por el cumplimiento puntual de un proyecto, sino el cumplimiento de la estrategia. El modelo de planeación activa en Malasia difiere bastante del nuestro, pues generalmente en Colombia invertimos mucho tiempo en formulaciones de políticas públicas que nos lleven a escenarios en 15 o 20 años. Nos tardamos tanto planeando que estamos agotados a la hora de implementar.

 

En el caso malayo se trató de una política integral, que incluyó no solo medidas macro de solución de fallas de mercado y resolución de obstáculos, sino de una política que se atrevió a tomar medidas sectoriales, con apoyos claros, decididos y no vergonzantes a los sectores a los cuales se apostó. Se escogieron sectores, se crearon incentivos, se sacaron adelante algunos –otros seguramente no–, pero el resultado para la economía y el bienestar del país es impresionante. Malasia será un país de ingreso alto en el año 2020, mientras India logrará lo mismo en el 2050.

 

Si hacemos caso a quienes creen que el mercado, por sí solo, produce resultados óptimos, como lo hemos hecho durante los últimos 25 años, en el mejor escenario seguiremos al ritmo de India. ¿Por qué mejor no nos atrevemos a ser como Malasia? Ese debería ser el reto de esta generación.

 

 

 

Espero el debate en Twitter. @brucemacmaster

BRUCE MAC MASTER

 

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